Cañas y Barro

Cañas y barro, así se cuentan las cuatro paredes de un hogar en Mozambique donde los niños juegan con una pelota de trapo hecha por ellos, se divierten con una rueda gastada de coche, donde ríen sin parar y no se quejan a cada instante, donde sienten dolor, alegría, ilusión, y tienen mucha, muchísima FE.

En una clase, no es difícil ver como 34 niños comparten dos pupitres, el suelo es su lugar, y no para realizar una animación lectora o una clase de relajación. Algunos de ellos lloran porque les han robado su “cañeta“, sí, su bolígrafo, o lo que queda de él.

Preguntar la edad que tienen es lo habitual, pero  mejor no hacerlo. La mayoría de ellos te responden con una mirada triste y profunda, no saben su edad, ni el día que nacieron.

En ocasiones, no saben ni que son niños, tienen  tantas obligaciones que hasta a sus padres se les olvida. Para ellos no existe el futuro, ni tampoco el pasado, es la necesidad de vivir al día,  lo que hace que vivan más intensamente cada momento. La cultura de Mozambique es tan distinta a la nuestra. Es verdad que África enamora; su colores, sus olores, sus gentes, sus atardeceres, sus sonrisas y  abrazos. Son tan hospitalarios que a la semana de estar con ellos, ya te sientes uno más.

Así es como se han sentido las profes del cole Silvia Bravo,  Macu Ribes  y Paula Lluch, tres valientes personas con un corazón inmenso que decidieron marchar el pasado mes de julio a la misión de Mozambique para ayudar a esa parte del mundo tan olvidada y que tanto nos necesita.

Agua, electricidad, dormir tranquilamente sin miedo y tantas otras cosas que  pensamos tenemos por derecho, pero que en esta tierra se valoran como no os podéis hacer una idea. Pensar que estamos tan cerca en el mismo mundo pero al mismo tiempo  viviendo tan distintas vidas. Tantas cosas cambiarías, nos dice Paula,  pero en realidad, son ellos los que te cambian ti, los que te hacen ver lo afortunados que somos por vivir en el mundo que nos ha tocado y lo agradecidos que deberíamos estar todos por las oportunidades que nos rodean día a día.

No es tiempo de dar lecciones de moral humanitaria.  Todos somos conscientes de estas realidades y de la injusta desigualdad que existe entre las personas de primera y las personas de tercera. Es tiempo de no solo decir: “Veo, Pienso, me Pregunto”.  Además, hoy, aquí y ahora, es tiempo de ACTUAR. Para todo habría tiempo menos para la gente que muere a causa de nuestra indiferencia. Seamos nosotros mismos los que saquemos nuestras  conclusiones y pongámonos manos a la obra.

Paula, Macu y Silvia, “Habéis hecho mucho bien”. Gracias por vuestra valiosa labor que, hoy más que nunca, une la misión del col.legi Sant Roc, Dios mediante, con la misión de Nacala en Mozambique. Para acabar, solo nos quedar decir algo que se les ha quedado sellado en el corazón de las tres: Nokhala Vamosá, que en “Macua”, su dialecto, significa algo tan precios como: Estamos Juntos

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